miércoles, 19 de noviembre de 2008

Nube II

Recuerdo cuando me dijiste que mi persona te evocaba una nube, recuerdo que soy tu mujer con flores, recuerdo cada sentimiento que tengo tejido en mi piel, cada sensación que me estremece desde la columna hasta los pies. Deseo ser tu guitarra parlanchina, las melodías vivientes que salen de tus dedos, el aroma que trae la lluvia de invierno. Deseo tantas cosas para ti y para mí que mi cabeza es un torbellino que viaja hasta tu cama y se sienta a hablar por horas y a escuchar tus palabras que son pedacitos de vapor que componen esa nube en la cual viajamos. Porque la nube no sólo soy yo, somos los dos; ambos la hemos creado, la hemos dejado flotar en el inmenso cielo.
Hay un seudónimo que me corresponde, un nombre que debería llevar pintado en mi cabello, ese nombre flotante y ligero, tan hermoso y esponjocito que lo único en lo que puedo pensar es en tu mirada y en esas manos ligeras que se escurren en mis entrañas. Me siento tan purificada que hoy mis lágrimas y mi risa pueden corren libremente, volar y componer letras desde una inmensa vastedad...
Quisiera volar eternamente, atravesar mi microcosmos y el tuyo hasta sentir que me he quedado atrapada en uno de sus mundos, en una de sus estrellas...
Nuestro fin

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